Gianni Infantino arriesgó enemistarse con varias federaciones de la Concacaf, cuyo respaldo busca para su reelección, al aparecerse en una reunión de la Confederación de Futbol del Caribe (CFU) en Punta Cana para anunciar proyectos de desarrollo financiados por la FIFA con millones de dólares que llevaban meses retrasados. Múltiples fuentes que asistieron a la reunión dijeron a The Guardian que varios miembros de la Concacaf se sintieron indignados por el comportamiento de Infantino, sobre todo porque su propio presidente, Victor Montagliani, le había pedido no ir. Infantino busca un cuarto mandato, hasta 2031, y podría enfrentar un voto de no confianza de las principales potencias regionales del futbol, según reportó Reuters.
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El aparato que llevó consigo: en una carta enviada el viernes, Montagliani le había pedido a Infantino "en nombre del futbol reconsiderar su asistencia", señalando que su presencia le robaría reflectores a un torneo regional Sub-14 que se celebraba junto a la reunión. Pese a eso, Infantino llegó al resort de Punta Cana con un séquito grande de la FIFA que incluía al secretario general, Mattias Grafström, y a Elkhan Mammadov, un aliado incondicional encargado de mantener buenas relaciones con los 211 miembros desde su puesto de director de asociaciones. Antes de anunciar los fondos en la reunión de la CFU, el equipo de Infantino ya había buscado a federaciones miembro de manera individual para pedirles apoyo.
La foto que ya no se repite: apenas el 28 de junio, en el Mundial 2026, Infantino, Montagliani y el presidente de la CAF, Patrice Motsepe, posaron juntos en las tribunas antes de un partido de octavos de final. Dos meses después, el propio equipo de cámaras de Infantino fue el que captó el saludo breve y frío entre él y Montagliani antes de la reunión de la CFU. Una fuente le dijo a The Guardian que el bando oficial de la FIFA ha intentado presentar la crisis de gobernanza como una disputa personal entre Infantino y Montagliani, no como lo que en realidad es: tres confederaciones completas pidiéndole la renuncia.
El otro lado de Punta Cana: nada de esto se vio en la bienvenida local. El ministro de Deportes de República Dominicana, Kelvin Cruz, agradeció la visita diciendo que "pone al país en el radar internacional" del futbol, y el presidente de la federación dominicana, José Deschamps, también recibió a Infantino junto con otros funcionarios deportivos. La FIFA aporta millones de dólares en fondos de desarrollo a países como República Dominicana, dinero que en buena parte proviene de los ingresos del propio Mundial, lo que explica por qué una visita presidencial puede sentirse, al mismo tiempo, como una fiesta para el anfitrión y como una maniobra electoral para el resto de la confederación.
La misma fractura ya se ve en África: de los 21 miembros del comité ejecutivo de la Confederación Africana de Futbol (CAF), solo cuatro declararon públicamente su respaldo a Infantino en su reunión más reciente, el 7 de agosto, entre ellos el propio presidente de la CAF, Patrice Motsepe, y el vicepresidente marroquí Fouzi Lekjaa. "El resto se quedó callado", dijo una fuente que asistió a esa reunión a The Guardian, aunque la CAF sostiene oficialmente que su comité ejecutivo "reconfirmó por unanimidad" su apoyo a Infantino.
Hasta 15 federaciones africanas estarían listas para darle la espalda a Infantino en la elección del próximo año, según The Guardian, en parte por el malestar que generó la decisión de la FIFA de que la Copa Africana de Naciones se juegue cada cuatro años y no cada dos, un cambio que varios países sintieron impuesto sin consulta real.
No es la primera vez que aparece el dinero como palanca: la postura de la Concacaf hace eco de una denuncia previa del príncipe Ali bin al-Hussein, presidente de la federación de Jordania, quien acusó a Infantino de soborno este mes al señalar que su país no ha recibido el premio en efectivo de la Copa Árabe del año pasado, presuntamente por no haber respaldado al presidente.
Por qué sondearon justo a Grafström: dirigentes africanos de alto nivel se reunieron con el propio secretario general de la FIFA para tantear su interés en postularse contra Infantino. Grafström se había distanciado del plan de vender el 20% del Mundial con un memo interno a su personal, tres días después de que el plan fuera abandonado, en el que escribió que "personas, momentos inestables y episodios desafortunados van y vienen". Un día después, sin embargo, firmó una carta de "pleno respaldo" a Infantino y le avisó a su personal que Kevin Lamour, el jefe de operaciones que había criticado con dureza el plan, había sido despedido. Dos presidentes de federaciones africanas lo llamaron por separado la semana pasada; según una fuente del comité ejecutivo, Grafström se mostró "sorprendido" y no se comprometió en ningún sentido. "Piensan que Mattias puede agrupar a todos los continentes", dijo esa misma fuente a The Guardian.
Un tercer nombre ya está en la mesa: Sheikh Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, presidente de la AFC y aliado de la UEFA y la Concacaf en la exigencia de que Infantino renuncie, perdió contra él en la elección de 2015, pero según una fuente del comité ejecutivo de la CAF todavía conserva respaldo real dentro de África. "Si Europa le da su apoyo, tendrá el de Asia, tendrá el de la Concacaf, y tendrá algo de África. Seguro, entre 10 y 15 votan por Salman", dijo esa fuente.
Cualquier candidato que quiera competirle a Infantino en África tendrá que igualar lo que él ya ofreció: el plan de vender el Mundial buscaba repartir cerca de US$20 millones al año a cada asociación del continente, la misma aritmética electoral que ya explicamos detrás de por qué cortejar federación por federación funciona en un sistema de un país, un voto.
Sudamérica se queda por otra razón: mientras el Caribe y África se cotizan en dinero de desarrollo, la Conmebol sigue del lado de Infantino por un motivo distinto. La confederación, encabezada por Alejandro Domínguez, impulsa ampliar el Mundial 2030 de 48 a 64 selecciones para su centenario, lo que prácticamente garantizaría un lugar a las diez federaciones sudamericanas. Infantino ya calificó la propuesta de "buena idea" en el Congreso de la FIFA celebrado en Paraguay. Ese Mundial 2030 ya está repartido entre Argentina, Uruguay y Paraguay, que abrirían el torneo por el centenario, antes de que se traslade a las otras sedes en España, Portugal y Marruecos.
México no está solo en su ruptura: además de México, Grenada y San Cristóbal y Nieves también rompieron con la posición de la Concacaf para respaldar a Infantino, como Playbook documentó a inicios de agosto. La misma dinámica se repite, a mayor escala, dentro de la AFC: al menos diez federaciones asiáticas, entre ellas Catar, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Filipinas y Bangladesh, rompieron con la postura oficial de su confederación para respaldarlo, aunque la AFC como bloque se mantiene del lado de la UEFA y la Concacaf. En Oceanía el patrón se invierte: la confederación completa respalda a Infantino, y Nueva Zelanda es la única que rompió filas en su contra. Mientras tanto, Canadá y Estados Unidos, los otros dos países sede del Mundial 2026 junto con México, sí han criticado el liderazgo de Infantino.
Verde: su bloque respalda a Infantino. Azul marino: su bloque pide su salida. Rayado con contorno en el color opuesto: el país tomó una postura distinta a la de su confederación.


