Oura presentó el 21 de septiembre su solicitud para salir a bolsa en Nasdaq bajo el ticker "OURA", buscando levantar hasta US$2,200 millones a un precio de entre US$40 y US$44 por acción. Al punto medio del rango, la oferta valuaría a la empresa en US$15,620 millones, casi 50% más que los cerca de US$11,000 millones en los que Fidelity la valuó apenas en octubre de 2025.
El anillo que mide sueño, temperatura y recuperación construyó esa marca casi entero adentro del deporte. Empezó en 2020 regalando anillos a jugadores de la NBA durante la burbuja de Orlando. Desde entonces sumó al Real Madrid, a los Knicks de Nueva York, a la selección de esquí alpino de Estados Unidos, a 27 selecciones de U.S. Soccer, a Harry Kane y Declan Rice como embajadores, al US Open a través de la USTA, a LA28 como wearable oficial de Team USA, y apenas el 9 de septiembre pasado a los Dodgers.
- 2020NBA y burbuja de Orlando
- 2022Real Madrid Next
- 2023Knicks de Nueva York
- feb 2026LA28 y Team USA
- abr 2026U.S. Soccer
- sep 2026Dodgers
Cada uno de esos acuerdos vende lo mismo: que un equipo o federación de elite confía su seguimiento de recuperación a este anillo, no a un reloj o una pulsera de la competencia. Es marketing barato comparado con comprar espacio publicitario, y explica por qué Oura pasó de vender un aparato de nicho para biohackers a convertirse en el nombre que un aficionado reconoce en la banca de los Dodgers o en la muñeca de Jalen Brunson.
El negocio real detrás de la marca
Esa historia deportiva es lo que un inversionista lee primero en el folleto de la oferta. Los números que la empresa reportó para los primeros nueve meses de su año fiscal 2026 muestran ingresos de US$1,214.5 millones, 74% más que un año antes: US$974 millones vienen del hardware, el anillo mismo, y US$240.5 millones de las membresías de suscripción, que casi se duplicaron.
El folleto reconoce el deporte como palanca de crecimiento, pero no lo cuantifica. Dice, casi textualmente, que el deporte puede influir en conciencia de marca, búsquedas y eficiencia de la publicidad pagada, sin decir cuánto de esos US$1,214.5 millones vino realmente de ahí. Para una empresa que mes tras mes anuncia un nuevo equipo o federación, es la pregunta que el propio documento deja sin responder.
Quién se queda con el dinero del IPO
De las 50 millones de acciones que se ofrecen, solo 13.5 millones son nuevas, emitidas por la propia Oura. Las otras 36.5 millones ya existen: pertenecen a inversionistas que entraron hace años y ahora las venden.
Forerunner Ventures, que puso US$28 millones en la ronda Serie B de Oura en 2020, es la que más se lleva: piensa vender su participación completa, 9.3% de la empresa, por cerca de US$1,200 millones. Eso es casi 80% de todo lo que reciben los accionistas que venden.
Y de los US$567 millones que sí llegarían a la empresa, casi todo tiene un destino ya decidido. Oura dijo que usará US$526.4 millones para pagar impuestos acumulados por las acciones que les otorgó a sus empleados, dejando apenas US$6.2 millones para propósitos corporativos generales. La compañía ya tiene US$372 millones en caja al 30 de junio, así que ni siquiera necesita el dinero del IPO para operar.


