Los Seattle Seahawks tienen nuevos dueños y, entre ellos, hay capital mexicano.

Gonzalo Hevia Baillères y la familia Aramburuzabala forman parte del grupo de inversionistas que acompañó a la familia Khosla en la adquisición de la franquicia, la venta más cara de un equipo en la historia de la NFL. La familia Khosla mantiene el control; la participación individual de los inversionistas mexicanos no fue revelada.

US$9,612 millones
el monto de la venta, récord histórico de la NFL

La primera lectura puede ser bastante sencilla: dos de las fortunas empresariales más importantes de México consiguieron acceso al exclusivo grupo de propietarios de la NFL.

Pero financieramente hay otra forma de verlo.

La familia Baillères ha construido buena parte de su patrimonio alrededor de negocios como minería, seguros, retail y servicios financieros, a través de compañías como Peñoles, Fresnillo, GNP, Profuturo y El Palacio de Hierro. Por otro lado, la familia Aramburuzabala convirtió el patrimonio generado alrededor de Grupo Modelo en un portafolio mucho más amplio de inversiones mediante Tresalia Capital.

Son negocios distintos, pero buena parte de ellos sigue expuesta, en diferentes grados, a variables como el crecimiento económico, los mercados financieros, el consumo, los precios de materias primas o el comportamiento de México.

Ahí es donde una franquicia deportiva puede jugar otro papel.

El deporte como activo

J.P. Morgan Private Bank publicó recientemente un análisis dirigido precisamente a inversionistas latinoamericanos en el que plantea que el deporte está dejando de ser únicamente un activo de prestigio para convertirse en una categoría de inversión cada vez más institucional.

Uno de los argumentos centrales es la baja correlación.

Entre 2008 y 2025, los retornos de las principales franquicias deportivas de Estados Unidos tuvieron una correlación de apenas 0.10 con las acciones públicas, -0.19 con private equity y -0.15 con real estate. En términos sencillos: históricamente no se han movido al mismo ritmo que buena parte de los demás activos que puede tener una familia de alto patrimonio.

Eso tiene valor dentro de un portafolio.

Si minería, acciones, real estate o consumo atraviesan simultáneamente un mal momento, tener un activo cuyo comportamiento responde a dinámicas diferentes puede reducir la dependencia de un solo ciclo económico.

Y el atractivo ha ido más allá de la diversificación.

El índice Ross-Arctos, que sigue las valuaciones de franquicias de NFL, NBA, MLB y NHL, pasó de una base de 100 en 2000 a 2,054.1 al primer trimestre de 2026. El S&P 500 llegó a 720.3 durante ese mismo periodo. Traducido a retorno acumulado, hablamos de aproximadamente 1,954% para las franquicias frente a 620% para el mercado accionario estadounidense.

El duelo

La ventaja de comprar NFL

En el caso de Seattle hay además otra capa.

Una franquicia de NFL entra cada temporada con una parte considerable de sus ingresos prácticamente construida desde la liga.

Los acuerdos nacionales de televisión y streaming de la NFL con Amazon, CBS, ESPN/ABC, Fox y NBC tienen vigencia hasta la temporada 2033. Y durante el último ejercicio, cada uno de los 32 equipos recibió US$453.2 millones en ingresos nacionales compartidos, provenientes principalmente de los contratos audiovisuales y otros acuerdos comerciales de la liga.

Eso no elimina el riesgo de invertir en deporte. Las franquicias siguen siendo activos ilíquidos, su valuación puede cambiar y comprar una participación minoritaria tampoco ofrece necesariamente control sobre las decisiones.

Pero sí ayuda a explicar por qué inversionistas que ya tienen exposición a muchas otras clases de activos están buscando espacio aquí.

De hecho, J.P. Morgan encontró que, entre 111 familias multimillonarias consultadas para uno de sus reportes, alrededor de un tercio ya había invertido en equipos deportivos o estadios.

El reparto

Visto desde ahí, la llegada de Hevia Baillères y los Aramburuzabala a Seattle apunta a algo más amplio que la historia de dos mexicanos comprando parte del campeón de la NFL: para las grandes fortunas, un equipo deportivo ya no necesariamente es el capricho que compras después de hacer dinero. Puede ser parte de la estrategia con la que intentas conservarlo y hacerlo crecer.

Y, claro, el acceso al owner's box viene incluido.