La intervención: Donald Trump publicó en Truth Social la noche del lunes que la FIFA cometería un error terrible si por cualquier motivo considerara reemplazar a Gianni Infantino, a quien describió como el responsable del Mundial más exitoso jamás presentado. Cerró con una advertencia económica: si Infantino se va, el torneo nunca volverá a ser tan exitoso ni tan rentable.

La jugada

Dónde queda Estados Unidos: Ese mismo lunes, U.S. Soccer firmó con Canada Soccer y las uniones caribeña y centroamericana el comunicado regional que pide cambios para fortalecer la gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas de la FIFA. Es el texto que dejó fuera a la Federación Mexicana de Futbol, la única de las 41 federaciones de la Concacaf que no aparece en él.

El plan que abrió la crisis tenía como inversionista principal previsto a la firma de Joshua Kushner, hermano del yerno de Trump. Conviene decir de una vez lo que la coincidencia no prueba: Time reporta que Kushner no tiene vínculos políticos con la administración y que su donación más reciente fue a la Fundación Obama. Es un parentesco, no una línea documentada entre la Casa Blanca y la operación.

Lo que los une: Infantino acompañó a Trump en viajes a Medio Oriente, estuvo en las conversaciones de paz sobre Gaza, le entregó el primer premio de la paz de la FIFA y abrió una oficina del organismo en la Torre Trump. Los dos entregaron juntos los trofeos de la final del Mundial de Clubes y de la final del Mundial en Nueva York.