GoPro anunció un acuerdo definitivo de fusión con Starman Optical, una empresa privada de fotónica, por US$285 millones en efectivo. Los accionistas de GoPro reciben US$1.14 por acción, se quedan con apenas 10% de la empresa combinada y ven pagada la deuda de US$92 millones que arrastraba la cámara de acción.
Pero el comunicado no describe la venta de una marca de cámaras. Describe el traspaso de un listado en Nasdaq y de más de 2,500 patentes de óptica a una compañía que, según registros corporativos, se constituyó apenas un día antes de anunciar el acuerdo.
El rescate llegó antes que el pivote
La caja se acababa: en junio de 2026, GoPro advirtió que podía dejar de operar sin financiamiento adicional. Nick Woodman, su fundador, inyectó US$20 millones de su bolsillo para sostener la operación mientras la empresa recortaba personal y estrechaba su catálogo a cámaras de acción de gama alta para atletas y profesionales.
Es una caída larga. GoPro llegó a valer US$4,000 millones cuando salió a bolsa en 2014, y una década después necesitó un préstamo personal de su propio fundador para seguir operando. Ese es el punto de partida real del acuerdo con Starman: no una empresa buscando crecer, sino una que necesitaba una salida antes de quedarse sin efectivo.
Quién controla qué
El reparto: Starman se queda con 90% de la empresa combinada; los accionistas actuales de GoPro retienen 10% más el pago en efectivo. Quien tenía el 100% de una empresa en crisis termina con una décima parte de una apuesta ajena.
El cierre está previsto para fines de 2026 y todavía depende del voto de los accionistas de GoPro y de la aprobación de los reguladores, así que el traspaso de control no es un hecho consumado.
Las patentes valen más que las cámaras
Lo que compra Starman: GoPro aporta más de 2,500 patentes estadounidenses, casi todas en óptica, sensores e imagen, que Starman quiere combinar con su fabricación de transceptores ópticos hechos en Estados Unidos. La apuesta es reetiquetar ese portafolio como infraestructura para centros de datos de inteligencia artificial, defensa, gobierno, robótica y aeroespacial.
Por qué GoPro y no otro: Starman Holding, dueña también de las marcas de accesorios Incase e Incipio, ya construye una planta de transceptores en Nueva Jersey. No necesita las cámaras de GoPro: necesita el sello de empresa pública y el archivo de patentes que puede mostrarle a un inversionista como evidencia de que el negocio ya juega en óptica de alto nivel.
La acción ya se había adelantado al negocio
El número que respalda la historia: la acción de GoPro venía subiendo desde antes del anuncio. Saltó 46% el 31 de agosto, a US$0.88, cuando trascendió que el youtuber Mark Fischbach (Markiplier) había comprado 8.5% de la empresa y se convirtió en su mayor accionista individual. Ya con la fusión anunciada, cerró el 1 de septiembre en US$1.23, otro 40% arriba, y subía cerca de 90% más en las operaciones previas a la apertura del día siguiente.
Lo que ese salto todavía no prueba: el comunicado no incluye ingresos, utilidades, cartera de contratos ni proyecciones de Starman. IREN pasó de minar bitcoin a firmar contratos de nube por miles de millones con Microsoft y Nvidia antes de que el mercado la premiara así; Allbirds solo cambió de nombre a NewBird AI y subió más de 500% sin un cliente de infraestructura real. GoPro todavía no muestra en cuál de los dos casos cae.


