Isaac del Toro subió al podio del Tour de Francia este verano, Playbook ya había contado esa hazaña como un hito histórico para el ciclismo mexicano. Lo que no se ve en esa foto es la ruta de siete años que lo puso ahí: A.R. Monex, el programa que detecta, desarrolla y lleva a competir a Europa a ciclistas mexicanos, invierte cerca de €3 millones al año para sostenerla. Isaac es su caso de éxito más visible, pero no el único, y entender cómo se construyó su camino explica también por qué el ciclismo mexicano empieza a tener más de un nombre compitiendo en Europa al mismo tiempo.
Todo empieza con 36 minutos
A.R. Monex comenzó en 2015 y busca prospectos de entre 11 y 18 años a través de sus Talent Detection Tours. La primera prueba es una evaluación de 36 minutos que mide la Potencia Aeróbica Máxima (PAM), comparada contra parámetros internacionales de la disciplina. Quien pasa ese primer filtro sigue en observación durante competencias nacionales y, si avanza, entra a seis semanas de entrenamiento monitoreado por TrainingPeaks, donde el criterio ya no es solo físico: disciplina, compromiso y capacidad de aprendizaje pesan tanto como los watts que un ciclista puede sostener. En 2025, el programa hizo cuatro Talent Detection Tours, evaluó a 450 ciclistas, y de ahí solo 26 avanzaron al segundo filtro. Cuatro entraron al Lyncott Cycling Team, su estructura de desarrollo en México, y 12 llegaron directamente a la estructura europea. Para 2026 el plan es más ambicioso: diez tours en total, y los primeros cinco ya lograron identificar a 40 ciclistas con potencial.

Foto: Playbook
¿Cuánto cuesta esto?
La operación anual de A.R. Monex ronda los 3 millones de euros entre México y Europa. Por cada ciclista que llega a la etapa de desarrollo europeo, el programa destina aproximadamente 2.5 millones de pesos por temporada: hospedaje, alimentación, logística, cuerpo técnico, preparación física, atención médica y equipo especializado. Hoy la estructura europea sostiene a 24 ciclistas, con 31 podios acumulados en la temporada 2026.

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Europa es parte del proceso
Competir en Europa forma parte del proceso, no es un premio al final de él. Las carreras, los equipos y los contactos profesionales que existen allá abren rutas hacia el ciclismo profesional que no existen compitiendo solo en México: los ciclistas jóvenes se miden contra competencia de más nivel y ganan visibilidad ante ojeadores y equipos. Luis y Alejandro Rodríguez son quienes facilitan esas conexiones con equipos europeos dentro del programa. En el caso específico de Isaac, A.R. Monex identificó una capacidad física poco común desde 2019, pero también reconoció algo menos medible: "disciplina, resiliencia, humildad y mucha capacidad para aprender". La estrategia fue exponerlo a competencia europea sostenida, lo que aceleró su desarrollo y lo puso en el radar de equipos profesionales antes de que llegaran los resultados grandes. A.R. Monex no creó el talento de Isaac (su familia, sus primeros entrenadores y su propia cabeza fueron decisivos), pero sí llenó el hueco crítico entre ganar en México y tener una oportunidad real en Europa.
No buscan fabricar otro Isaac
El programa se organiza en tres fases: detección, desarrollo y posicionamiento. El éxito de Isaac validó la metodología, pero la propia organización reconoce que hay elementos que no se pueden replicar a voluntad: su fortaleza mental y su hambre competitiva son cualidades poco comunes, no un producto del programa. La meta no es fabricar campeones, sino asegurar que los ciclistas mexicanos con talento tengan acceso a la preparación, la competencia y la visibilidad suficientes para llegar a su techo real. Un programa de desarrollo no garantiza podios, pero sí reduce la cantidad de talento que se pierde por falta de entrenamiento adecuado, financiamiento o contactos, que es, en la práctica, la manera en la que la mayoría de los ciclistas con potencial se quedan fuera del ciclismo profesional antes de tener oportunidad real de demostrarlo.
Ya hay más nombres
Isaac es el caso más famoso, pero no es el único que salió de este proceso. Romina Hinojosa, quien este verano se convirtió en la primera mexicana en disputar el Tour de Francia Femenil, fichó con el Lotto Intermarché en 2025. Said Cisneros firmó en 2026 con el equipo de desarrollo del Soudal Quick-Step. Gerardo Ulloa se convirtió en 2020 en el primer mexicano en ganar una Copa del Mundo de Short Track (XCC) en la categoría Élite. Entre todos, la generación 2026 de A.R. Monex acumula 31 podios dentro de una estructura europea de 24 ciclistas.

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¿Quién paga la ruta?
El proyecto se sostiene principalmente con capital privado. Monex es el principal aliado, y alrededor de esa relación se arma una red de patrocinadores que aportan dinero, productos y servicios, más un esquema de apoyo público, asociados y donativos. El estímulo fiscal de EFIDEPORTE también entra cuando está disponible. A cambio, los patrocinadores obtienen presencia en competencias internacionales, contenido durante toda la temporada, rodadas grupales y activaciones con la comunidad ciclista que sigue al equipo, un intercambio que se parece más al patrocinio de una marca deportiva tradicional que a la filantropía, aunque el programa combine ambas cosas en la práctica.

Foto: Playbook
Una puerta para 24
La capacidad actual de la estructura europea es de aproximadamente 24 ciclistas. Crecerla exige más patrocinadores, más apoyo público, más asociados y más donativos, porque cada lugar adicional implica más entrenadores, más acceso a competencia, más logística y más seguimiento a los atletas. Llevar a un ciclista a Europa exige después un acompañamiento sostenido, no solo el boleto de avión: alguien tiene que seguir monitoreando su desarrollo, su salud y su desempeño una vez que ya está compitiendo del otro lado del Atlántico, lejos de la estructura que lo formó en México. El programa ya demostró que sabe detectar y abrir la ruta; la siguiente fase, la que todavía no tiene el mismo nivel de comprobación, es escalarla sin perder lo que la hace funcionar.


