El recorte: LIV Golf notificó el miércoles a la mayoría de su plantilla, con oficinas en Nueva York y Londres, que su empleo terminará el 1 de septiembre, confirmó un vocero de la liga a The Athletic. Solo un grupo reducido se queda durante la transición hacia la siguiente etapa de la liga.
El origen del quiebre: El fondo soberano saudita PIF gastó más de US$6,000 millones en LIV Golf desde su lanzamiento en 2022, cuando fichó a Phil Mickelson, Dustin Johnson y Bryson DeChambeau. En abril avisó que retiraría el financiamiento, aunque aceptó sostener la liga durante 2026 con límites: dos torneos cancelados y una experiencia recortada para los aficionados.
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Las cuentas pendientes: Dos proveedores de medios digitales, Mobii Systems Group y Fresh Tape Media, demandaron a LIV por facturas impagas de más de US$1 millón cada una, según ya había reportado Playbook cuando la liga canceló su fecha final de la temporada.
El nuevo socio: LIV firmó una carta de términos con la firma de private equity BC Partners para que se convierta en su nuevo inversionista líder, mientras busca entre US$250 y US$350 millones adicionales para operar más allá de 2026. Una reestructura, o incluso una bancarrota, siguen sobre la mesa antes de cerrar el trato.
La apuesta de 2027: El plan de LIV 2.0 reduce el calendario a diez torneos con bolsas más chicas y convierte a los jugadores en accionistas de la liga, con la meta de ser rentable en tres años. Para lograrlo necesita el compromiso de sus estrellas, sobre todo Bryson DeChambeau y Jon Rahm, justo cuando el DP World Tour amenaza con restituir multas a quienes compitan en LIV.


