El Mundial 2026 dejó una comparación incómoda para México. Noruega y Marruecos llegaron a cuartos de final. México y Estados Unidos, los dos anfitriones, avanzaron, pero se quedaron una fase antes.
La conclusión fácil sería decir que los dos primeros forman mejor a sus futbolistas. Yo no creo que un solo torneo alcance para demostrarlo.
Una selección mayor es producto de decisiones que comenzaron a tomarse más de 15 años atrás. Lo interesante no es únicamente quién llegó más lejos, sino entender en qué parte del camino cada país construye, retiene o termina tirando a la basura su talento.
Noruega, Estados Unidos, Marruecos y México lo hacen de maneras muy distintas. Ningún modelo es perfecto y tampoco existe una receta que pueda o deba copiarse completa. Pero la comparación sí deja varias pistas.
Si lees este artículo podrás responder las siguientes preguntas:
¿Qué prioriza cada país cuando decide cómo formar futbolistas?
¿En qué punto del camino se pierde el talento y quién paga por sostenerlo?
¿Qué puede tomar México de Noruega, Estados Unidos y Marruecos, y qué no?
Cuatro modelos, no cuatro recetas
Cuatro puntos de partida: Los cuatro países arrancan de realidades distintas. Noruega tiene una estructura comunitaria con una participación infantil muy alta. Estados Unidos cuenta con infraestructura y competencia, pero también con un sistema que puede resultar demasiado costoso. Marruecos combina inversión pública con una búsqueda activa de jugadores en su diáspora. México tiene volumen de talento y clubes profesionales, aunque todavía no consigue darle continuidad al proceso. La comparación no sirve para elegir un ganador. Sirve para entender qué prioriza cada sistema, quién paga la formación y qué ocurre con los jóvenes antes de que lleguen al futbol profesional.
Noruega: primero hay que evitar que se vayan
Cuatro décadas sin marcador: En Noruega no existen tablas de posiciones, marcadores oficiales ni campeonatos antes de los 13 años, y la norma federativa lleva cerca de cuatro décadas en funcionamiento. El objetivo no es detectar al mejor jugador de nueve años. Es conseguir que la mayor cantidad posible de niños permanezca dentro del deporte hasta una edad en la que pueda comenzar una especialización mejor desarrollada motrizmente. El 93% de los niños participa en alguna actividad deportiva organizada, y también se promueve que practiquen varias disciplinas durante las primeras etapas.
El caso Haaland: Erling Haaland, por ejemplo, jugó handball y practicó esquí de fondo (de ahí el desarrollo de las habilidades motrices que le destacan) antes de especializarse en el futbol. La lógica es sencilla: distintos deportes desarrollan movimientos, habilidades y capacidades que difícilmente se construyen mediante una especialización demasiado temprana. Noruega apuesta por una base amplia. Antes de preocuparse por encontrar cracks, se asegura de que el sistema no expulse demasiado pronto a quienes todavía están creciendo.

Foto: Playbook
Estados Unidos: el talento también depende de la cartera
El costo de entrar: Estados Unidos aparece en el otro extremo. Uno de los saltos económicos más fuertes llega entre los 10 y los 12 años, justo cuando comienza a definirse quién puede seguir dentro del sistema.
Quién se queda fuera: Cerca del 70% de los niños abandona el deporte alrededor de los 13 años. No todo ese abandono se explica por dinero, pero el costo sí establece una barrera muy clara. En muchos casos, el talento no se queda fuera por falta de capacidad, sino porque la familia no puede seguir pagando. Las academias de los clubes de la MLS ofrecen una ruta gratuita, aunque alcanzan a una minoría frente al tamaño del país. Estados Unidos tiene infraestructura, competencia y un mercado deportivo enorme, pero buena parte del desarrollo juvenil sigue descansando (o sufriendo) por la capacidad económica de las familias.

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Marruecos: formar y captar al mismo tiempo
Formar en casa: Marruecos es probablemente el caso más fácil de interpretar mal. La Academia Mohammed VI lleva 18 años sostenida por el Estado y cada año repite el mismo filtro, un embudo que casi nadie cruza.
Los dos caminos: Ese trabajo ya produjo resultados en categorías juveniles y Marruecos ganó el Mundial Sub-20 disputado en Chile en 2025 con una generación formada dentro del país. Pero la selección mayor sigue otra lógica al mismo tiempo: en el Mundial 2026, 20 de sus 26 jugadores habían nacido fuera de Marruecos, y buena parte fue captada en Francia, Países Bajos o Bélgica. No es una contradicción. Es una estrategia con dos caminos.
La diáspora como estructura: Marruecos desarrolla talento local, pero también utiliza su relación con la diáspora para incorporar futbolistas formados en sistemas europeos. El país no espera a que una sola estructura produzca todo lo que necesita. Por eso, para evaluar su trabajo de formación, los resultados juveniles dicen más que la composición actual de la selección mayor.

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México: reglas que garantizan minutos, no procesos
La ventaja de origen: México tiene algo que los otros modelos no necesariamente comparten: buena parte de sus jugadores se forma y permanece dentro del país. El problema es que el sistema se administra más mediante reglas que a partir de un proceso pensado de desarrollo. La Regla de Menores obliga a los clubes a dar minutos a futbolistas jóvenes, y la intención es correcta, pero en muchos casos los equipos la cumplen con la calculadora en la mano: suman lo necesario para evitar una sanción, sin que eso garantice continuidad o desarrollo de talentos. Dar minutos no es lo mismo que formar.
El incentivo que falta: Desde 2020 tampoco existe ascenso y descenso. Eso reduce una de las consecuencias deportivas que podría obligar a los clubes a pensar a más largo plazo en sus planteles y fuerzas básicas. En junio de 2026, la FMF y el gobierno presentaron un plan que incluye Copa Escolar, academias obligatorias y una red de visorias. La dirección puede ser positiva, pero todavía es demasiado pronto para evaluar sus resultados. El verdadero examen será comprobar si el proyecto puede mantenerse más allá de quienes hoy lo presentaron.

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Los juveniles dan una pista, no una sentencia
Un termómetro más temprano: Los Mundiales juveniles tampoco ofrecen una respuesta definitiva, pero llegan menos tarde que la selección mayor. En el Mundial Sub-20 de Chile 2025, los cuatro países alcanzaron los cuartos de final: Marruecos terminó como campeón después de vencer 2-0 a Argentina y para Noruega fue la primera aparición en esa fase de su historia. En el Sub-17 de Qatar, Marruecos y México llegaron a octavos, Estados Unidos fue eliminado por Marruecos y Noruega no clasificó.
Lo que pasa después: Los resultados muestran que México sí consigue llegar a fases relevantes. El problema está en lo que ocurre después. El sistema produce jugadores capaces de competir, pero lleva muchos años enfrentando dificultades para convertir esas generaciones en futbolistas consolidados y proyectos sostenidos.
Lo que México sí puede copiar
La lección es la constancia: No creo que México deba copiar por completo a Noruega, Marruecos o Estados Unidos. Noruega prioriza que los niños permanezcan en el deporte. Marruecos lleva casi dos décadas sosteniendo una estructura y combina formación con captación. Estados Unidos, con todos sus problemas de acceso, mantiene una infraestructura competitiva muy amplia. Los tres sostuvieron su modelo el tiempo suficiente para que rindiera.
Lo que hay que premiar: México necesita alinear mejor sus incentivos. Devolver el ascenso y descenso puede hacer que formar vuelva a tener una consecuencia deportiva, y habría que premiar a los clubes que desarrollan futbolistas, los consolidan y generan valor con ellos, no únicamente a quienes cumplen una cuota de minutos. El plan presentado en 2026 tendrá que sobrevivir cambios de administración, dirigentes y prioridades. El talento mexicano existe y nunca ha sido el principal problema. El reto es construir un sistema que deje de perderlo durante el camino.


