El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva prepara una medida provisional para prohibir el casino online en Brasil, según reportó Reuters con base en cuatro fuentes cercanas a la discusión dentro de la presidencia. La versión final se esperaba en los próximos días y, según las mismas fuentes, Lula la firmaría antes de la primera vuelta electoral del 4 de octubre.
La medida no tocaría las apuestas deportivas ni los patrocinios que las casas de apuestas ya tienen con clubes y competiciones. Lula ha dicho públicamente que preferiría terminar con las apuestas por completo, pero lo que se discute ahora es más acotado: casino sí, sportsbook no.
Ese matiz es justo lo que hace que esto le importe al negocio del deporte.
El casino domina el volumen del sector
El tamaño real del golpe: según datos de la Associação Nacional de Jogos e Loterias (ANJL) citados por Reuters, 73.9% del volumen que mueve el sector de apuestas en Brasil viene del casino online. Solo 26.1% corresponde a apuestas deportivas. Por cada real que se apuesta en un partido, se apuestan R$2.83 en juegos de casino.
Prohibir el casino y dejar vivas las apuestas deportivas suena, en el papel, como una regulación quirúrgica. En la práctica, le quita a los operadores autorizados la parte del negocio que más factura.
El dinero que sí llega al futbol
Lo que está en juego: clubes brasileños ya se movilizan para frenar la medida. Flamengo, Corinthians, Palmeiras y São Paulo tienen contratos de patrocinio con casas de apuestas por encima de R$100 millones (US$19.5 millones) anuales cada uno, según reportó MKT Esportivo. Los equipos preparan una nota conjunta para cuestionar la medida, con el argumento de que responde más a cálculo electoral que a política pública.
Ese dinero no desaparece por decreto porque el sponsor deje de vender casino: desaparece si el sponsor deja de tener con qué pagarlo. Un operador que pierde 73.9% de su volumen no sostiene el mismo presupuesto de marketing, aunque la ley todavía le permita anunciar su marca en la camiseta.
Esto ya se venía cocinando
La discusión no nace de la nada. Desde agosto circula en el Congreso el proyecto de ley PL 2,258/2026, que busca prohibir específicamente los juegos de casino generados por algoritmos, preservando las apuestas deportivas de cuota fija, la misma división que ahora aparece en la medida provisional. En julio, el Ministerio de Salud lanzó una campaña de prevención de daños por apuestas online, después de que un estudio del Made/FEA-USP calculara que las apuestas en línea pudieron haber retirado hasta R$141,000 millones (US$27,500 millones) de la actividad económica brasileña en 2025, principalmente por menor consumo de los hogares.
Las casas de apuestas, del otro lado, ya buscan alternativas para frenar el veto, incluida la vía judicial. Argumentan que restringir el casino regulado empuja al usuario hacia plataformas clandestinas que no pagan los mismos impuestos.
El gobierno también tiene algo que perder
El sector dejó casi R$10,000 millones (US$1,950 millones) entre licencias e impuestos en 2025, de acuerdo con datos de Hacienda citados por Reuters. Los 188 operadores autorizados pagan por ese mismo permiso que ahora podría perder la mitad de su negocio. Y las televisoras que transmiten futbol también entran en el conflicto: la publicidad de casas de apuestas se volvió una fuente de ingreso asociada directamente a las transmisiones deportivas.
Nada de esto está cerrado. El texto que llegue al Congreso puede terminar siendo distinto al que se discute hoy, presionado por clubes, operadores y medios que tienen algo que perder.


