El domingo, la federación neerlandesa de fútbol se sumó a la lista de federaciones que quieren otro presidente para FIFA en 2027. Pero en su comunicado dejó algo mucho más interesante: "cambiar de presidente no es suficiente".
La KNVB quiere reunir a asociaciones y confederaciones en Ámsterdam para discutir primero qué FIFA debería existir y después quién tendría que dirigirla.
La propuesta llega justo cuando la crisis de FIFA Forward Enterprise ha dejado a Gianni Infantino cada vez más aislado: antiguos aliados se le voltearon, UEFA explora llevar parte del caso a la justicia y varias federaciones retiraron su respaldo, aunque otras como la FMF todavía lo mantienen.
Y FFE dejó una duda que va más allá de Infantino. Algunos dirigentes sabían más de lo que después reconocieron cuando el proyecto empezó a salir mal, o realmente una operación de US$4,200 millones pudo avanzar sin que personas que deberían participar en el gobierno de FIFA supieran qué estaba ocurriendo.
Por eso la discusión de 2027 puede terminar siendo mucho más importante que encontrar al sustituto de Infantino. FIFA ya cambió de presidente después de una gran crisis.
En 2015 prometió cambiar el sistema y ya vimos que no es tan fácil.
Si lees este artículo podrás responder:
¿Por qué el problema de poder en FIFA va mucho más allá de Infantino?
¿Cómo se conectan los votos y el dinero en FIFA?
¿Qué propone la KNVB para cambiar FIFA de verdad?
Hace once años FIFA también iba a cambiar
Blatter se fue en medio de un escándalo probablemente bastante más grande que la crisis actual de Infantino. Hubo arrestos, investigaciones, suspensiones y renuncias, hasta que en febrero de 2016 FIFA presentó lo que llamó una reforma histórica.
179 de las 207 asociaciones habilitadas para votar aprobaron límites de mandato, mayor separación entre las funciones políticas y administrativas, publicación de remuneraciones y nuevos mecanismos de supervisión. Ese mismo Congreso terminó eligiendo a Gianni Infantino.
Tres meses después, durante el Congreso de Ciudad de México, pasó algo que hoy hace mucho click. Las asociaciones aprobaron por 186 votos contra uno una medida temporal que permitía al FIFA Council nombrar y destituir integrantes de órganos independientes, incluidos Ethics y Audit & Compliance.
Domenico Scala, entonces presidente de Audit & Compliance, renunció porque consideraba que se estaba debilitando precisamente la independencia que FIFA acababa de intentar construir.
Muchas de las reformas de 2016 siguen vigentes. Pero once años después volvemos a escuchar algunas de las mismas preocupaciones: demasiado poder alrededor del presidente, poca separación con la administración y contrapesos que no parecen suficientes.
Entonces, ¿qué nos hace pensar que esta vez bastará con sacar a Infantino para que realmente cambie FIFA?
Esto no empezó con Infantino
Está bastante claro que la figura presidencial tiene muchísimo peso dentro de FIFA. Pero esto no empezó con Infantino, tampoco con Blatter y probablemente se entiende mucho mejor regresando a João Havelange.
Cuando Havelange buscó la presidencia en 1974 entendió algo que terminó siendo fundamental para lo que hoy podríamos llamar el Modelo FIFA. Europa ya no tenía suficientes asociaciones para decidir sola quién gobernaría el futbol mundial, así que pasó años recorriendo África, Asia y otros mercados prometiendo más representación, más plazas mundialistas, infraestructura y recursos.
Havelange entendió dónde estaban los votos y a quién tenía que convencer. Francia tiene uno, Tonga tiene uno, México tiene uno.
No importa cuánto dinero genere su mercado, qué tan competitiva sea su selección o qué impacto tenga su federación a nivel global. Dentro del Congreso, todas pesan exactamente lo mismo.
Havelange no creó esa regla. Lo que hizo fue entender mejor que nadie cómo construir poder alrededor de ella. Y además gobernó justo cuando televisión, marketing y patrocinadores globales empezaron a convertir a FIFA en una organización muchísimo más rica.
A partir de ahí se fue consolidando una fórmula que después heredaron Blatter e Infantino: FIFA recauda globalmente, distribuye parte de esos recursos entre sus asociaciones y esas mismas asociaciones deciden quién ocupa la presidencia.
Desde 1974 han pasado 52 años. Salvo los meses de transición después de Blatter, FIFA sólo ha tenido tres presidentes: Havelange, Blatter e Infantino.
Eso ayuda a entender por qué esta discusión difícilmente puede resolverse simplemente encontrando al cuarto.
- 1974Havelange asume FIFA
- 1998Blatter releva a Havelange
- feb 2016Infantino gana tras la crisis de Blatter
- 2016Congreso da al Council poder sobre Ethics y Audit

Foto: Playbook
Los apoyos de FIFA
Hoy el principal programa para distribuir recursos se llama FIFA Forward.
Durante el ciclo 2023-26, cada asociación puede recibir hasta US$8 millones entre operación, proyectos y otros apoyos. Sólo para gastos operativos, FIFA contempla hasta US$1.25 millones anuales por federación.
Las asociaciones con ingresos anuales de hasta US$4 millones pueden solicitar apoyos adicionales para viajes y equipamiento. El año pasado lo hicieron 96 federaciones: casi 45% de todos los miembros de FIFA.
Para Alemania o Inglaterra, US$1 millón es una parte relativamente pequeña de toda su estructura. Para una federación que genera menos de US$4 millones al año puede representar una parte importante de lo que necesita para pagar personal, mantener instalaciones, organizar competiciones, viajar o sostener selecciones.

Foto: Playbook
Por eso resulta bastante lógico que muchas federaciones pequeñas suelan tener una relación mucho más cercana con quien dirige FIFA. Reciben recursos que pueden cambiar materialmente lo que son capaces de hacer durante el año.
Eso significa que no todos llegan al Congreso queriendo lo mismo. Y hace unos días Samuel Eto'o lo dejó bastante claro.
Mientras Países Bajos y las federaciones nórdicas hablaban de transparencia, independencia y menos concentración de poder, el presidente de la Federación Camerunesa pidió a África respaldar a Infantino. Habló de federaciones con recursos muy limitados, de infraestructura que todavía falta y recordó también que África pasó de cinco plazas directas en Qatar 2022 a nueve para el Mundial de 2026.
Para Países Bajos, el problema pasa por transparencia, independencia y cuánto poder concentra el presidente. Camerún defiende cuánto puede invertir FIFA en desarrollar futbol y cuántas oportunidades deportivas recibe una región que históricamente tuvo menos, o al menos así el discurso suena más bonito.
Y hay otros casos: Concacaf rompió abiertamente con Infantino después de FFE, pero la FMF decidió respaldarlo y separarse de la postura regional. En Asia ocurrió algo parecido: AFC cuestionó el proyecto mientras varias federaciones mantuvieron su apoyo al presidente.
Al final, cada federación, o las personas que están a cargo, van a priorizar sus intereses. Se llame como se llame la figura de máximo poder en FIFA.

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El 90% del que habla la KNVB
Hay una parte del comunicado de la KNVB muy interesante. Países Bajos quiere reducir el poder alrededor de la presidencia, fortalecer al Council, darle más independencia a la administración y aumentar la supervisión.
Al mismo tiempo, propone que FIFA llegue a reinvertir hasta 90% de sus ingresos distribuibles en el futbol mundial. No está diciendo que la solución sea dejar de repartir dinero entre las federaciones pequeñas. Quiere repartir incluso más.
Y probablemente por ahí tendría que pasar cualquier cambio que aspire a conseguir votos fuera de Europa.
Una federación pequeña no tendría por qué escoger entre recibir dinero para desarrollar futbol y tener mejores contrapesos en Zúrich. El reto es que esos recursos dependan cada vez menos de la relación que tenga con el presidente de turno y cada vez más de reglas claras que sobrevivan a quien ocupe el cargo.
Que una asociación sepa cuánto le corresponde, bajo qué condiciones y durante cuánto tiempo, sin importar quién esté en la presidencia.
Porque honestamente, si una nueva FIFA significa menos recursos para quienes más dependen de ellos, será muy difícil convencerlas de votar por cambiar el modelo actual.

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El Summit no cambia FIFA por sí solo
El Summit en Ámsterdam puede reunir federaciones, generar propuestas y empezar a construir una coalición. Pero, incluso si esto pasa, nada de lo que salga de esa reunión será automáticamente vinculante.
Para cambiar FIFA hay que volver a las 211 asociaciones. Una quinta parte de sus miembros puede obligar a convocar un Congreso extraordinario: hacen falta 43. Modificar los Estatutos requiere el respaldo de tres cuartas partes de las asociaciones presentes y habilitadas para votar.
Por eso sacar a Infantino y cambiar FIFA son problemas políticos de tamaños muy distintos. Puede existir suficiente descontento para hacer inviable su presidencia y seguir faltando decenas de votos para cambiar las reglas que heredaría quien llegue después.
Ahí sí tendría mucha importancia el Summit. No solamente por quién acepta ir, sino por cuántas asociaciones fuera de Europa consideran que la propuesta también mejora la FIFA que ellas necesitan. Qué pasa con África, Asia, el Caribe, Sudamérica y federaciones como la FMF que hoy siguen respaldando a Infantino.
La KNVB quiere definir primero las reglas y después encontrar al presidente en 2027.
Y los hechos los respaldan: en 2015 se fue Blatter, en 2016 llegaron nuevas reglas y un nuevo presidente y, once años después, estamos otra vez preguntándonos cuánto poder puede acumular una sola persona dentro de FIFA.
Porque si se va Infantino y se queda esta FIFA, sólo habremos cambiado el nombre de la persona a la que, dentro de algunos años, "la familia del futbol" vuelva a exigirle que se vaya.


