Netflix transmitió por primera vez el Home Run Derby de la MLB de forma exclusiva, con un formato completamente renovado: fuera el reloj, adentro un número fijo de swings por ronda. La plataforma metió talento de entretenimiento, producción propia y promoción cruzada con otras franquicias. Fue la primera vez desde 1994 que el evento salió de ESPN.

El cambio de canal no es la parte más interesante. Lo más relevante es que Netflix no compró derechos para transmitir el Derby tal como era. Lo reformateó, lo produjo como suyo y lo convirtió en un evento con su sello. Esa es la diferencia entre una plataforma que compra derechos y una que construye una propiedad. Netflix viene haciendo lo mismo con el wrestling, el boxeo y el fútbol americano. El Home Run Derby confirma que el patrón no es accidental. Para ESPN, perder un evento que tuvo en exclusiva por 30 años es una señal más de la presión que las plataformas ejercen sobre los modelos de distribución tradicionales.

Opinión de Playbook: Netflix no entró al deporte para ser un broadcaster más. Entró para rediseñar los eventos desde adentro. El Home Run Derby es un ejemplo pequeño de esa ambición. Para las ligas y federaciones que negocian derechos en los próximos años, el trato que ofrezca Netflix va a ser distinto al de una cadena de televisión tradicional. Y esa diferencia va a importar.