El mercado por los Seahawks resultó más frío de lo que esperaba la NFL. Según reportó ESPN, la venta de la franquicia campeona del Super Bowl generó menos interés del previsto entre compradores calificados. El fideicomiso del fallecido Paul G. Allen, administrado por su hermana Jody Allen como albacea, puso oficialmente al equipo en venta a mediados de febrero, siguiendo la instrucción de Allen de vender el club (y también los Trail Blazers de la NBA) y donar lo recaudado a causas benéficas.
Entre los postores sonaron Aditya Mittal y Wyc Grousbeck, ligados a los Celtics, y Vinod Khosla, socio limitado de los 49ers. Bloomberg descartó que Mark Zuckerberg o Tim Cook fueran a ofertar pese a los rumores. "Es un mercado suave", dijo un dueño de equipo consultado por ESPN; otro ejecutivo lo comparó con las ventas de los Broncos (USD 4,650 millones en 2022) y los Commanders (USD 6,050 millones en 2023): "no hay tanta acción como hubo con Denver y Washington". La causa central: pocos compradores tienen la liquidez para cubrir el 30% en efectivo que exige la NFL sobre una operación de unos USD 9,000 millones, más la posible necesidad de un nuevo estadio. Las cifras iniciales hablaban de hasta USD 11,000 millones; hoy la expectativa bajó a apenas por arriba de los USD 9,000 millones, cifra que igual superaría el récord de los Commanders.
Opinión de Playbook: El caso confirma que ni el prestigio de un campeón vigente ni el hype de valuaciones estratosféricas garantizan pujas ilimitadas. El techo real lo marca la liquidez disponible entre los pocos compradores capaces de cumplir las reglas de la NFL, no la euforia mediática. Es una señal de que el mercado de franquicias deportivas, aun en su punto más alto histórico, empieza a mostrar límites financieros concretos.


