Cuando Joshua Kushner y Bob Iger compraron los Lakers en agosto por US$12,500 millones, el precio más alto pagado nunca por un equipo deportivo, quedó una pregunta obvia. ¿Qué estaban pagando exactamente por un equipo que factura menos de US$700 millones al año? Un documento que circula Thrive Capital, la firma de Kushner, entre potenciales inversionistas y que revisó The Wall Street Journal, responde esa pregunta con números.

El objetivo declarado: llevar la valuación de los Lakers a al menos US$30,000 millones hacia 2037, con un escenario optimista de hasta US$62,000 millones si las condiciones acompañan. Para llegar ahí, el documento proyecta que los ingresos pasen de US$681 millones en 2026 a US$1,600 millones en 2037, y que las utilidades suban de unos US$129 millones a más de US$589 millones.

El duelo

El plan no apuesta solo a que la NBA crezca y el equipo suba con ella. Apunta a inventario que hoy genera valor fuera de la franquicia y busca devolverlo al estado de resultados del equipo: duplicar el valor de los derechos de media, acelerar el crecimiento internacional y el sponsorship, y mejorar el apalancamiento operativo. El ejemplo más concreto de esa lógica es el boletaje.

Los boletos que hoy no le pagan al equipo

Alrededor de 6,000 boletos de temporada están hoy en manos de brokers, que los revenden en el mercado secundario y se quedan con esa diferencia. El plan de los nuevos dueños es recuperarlos y venderlos directamente como boletos individuales, capturando ellos ese margen en vez de dejarlo en manos de un revendedor.

El salto
US$217US$361+66%
precio promedio proyectado de un boleto individual de Lakers, en dos años

Ese solo movimiento explicaría cerca de US$150 millones del crecimiento de ingresos hacia 2028, según el documento, junto con entre US$40 y 75 millones adicionales de sponsorship y al menos US$20 millones de eficiencias operativas. Es la parte del plan que no depende de que la NBA le vaya bien como liga: depende de que los Lakers dejen de regalarle margen a un intermediario.

Los aficionados ya reaccionaron. La comparación que circula entre ellos es con los Knicks, que enfrentaron un rechazo similar cuando subieron precios de boleto tras su salto de valuación reciente. El reclamo de fondo es el mismo en ambos casos: subir el precio de la entrada no depende de ganar un campeonato, y los aficionados sienten que están pagando por una proyección financiera, no por resultados en la cancha.