LIV Golf ya puso números a la promesa con la que entró a bancarrota. El acuerdo de apoyo a la reestructura que presentó el lunes por la noche ante el tribunal de Nueva Jersey establece que los jugadores tendrían 52.5% de la nueva liga. BC Partners y otros inversionistas minoritarios se quedarían con 45%, y la dirección con el 2.5% restante.
BC Partners Credit, la división de crédito de la firma, se compromete a poner hasta US$300 millones en lo que la liga ya llama LIV Golf 2.0. El dinero depende de que el juez apruebe el acuerdo en la audiencia del 14 de octubre, y los jugadores actuales tienen hasta el 25 de octubre para decidir si firman con la liga reestructurada.
Cuando LIV se declaró en Capítulo 11 el 8 de septiembre, la idea de que los jugadores fueran los dueños mayoritarios era una intención sin cifras. Ahora tiene porcentaje, plazo y un inversionista con monto.
Quién se queda con qué
La mayoría económica: con 52.5%, los jugadores en conjunto tendrían la participación más grande de la empresa. Además del capital, el term sheet les ofrece bonos de firma y "ciertos derechos" de nombre, imagen y semejanza, que antes quedaban en manos de la liga.
Lo que nadie ha dicho todavía: el documento fija el total, pero no cómo se reparte. No se sabe cuánto recibe cada jugador, si la participación se libera por años de permanencia o por resultados, qué pasa con ella si alguien se va, ni cómo se divide la propiedad entre la liga y los equipos. Esa letra chica decide si esto es propiedad real o un mecanismo de retención.
El capital reemplaza al cheque
El modelo anterior: LIV nació con el Public Investment Fund de Arabia Saudita absorbiendo casi todo el riesgo. El fondo financió contratos garantizados de nueve cifras y bolsas de US$25 millones por torneo para comprar talento. Fuera de Estados Unidos, la liga acumuló más de US$1,100 millones en pérdidas netas desde 2021, US$461.8 millones solo en 2024, según Sportcal.
Lo que cambia: la versión que intenta salir del Capítulo 11 traslada una parte grande de ese riesgo, y de la ganancia potencial, a los propios golfistas. Muchos de ellos ya son acreedores: nueve de los diez mayores acreedores no garantizados del expediente de septiembre eran jugadores, empezando por Jon Rahm con una reclamación de US$7.47 millones. Darles capital resuelve una deuda que la liga no tiene efectivo para pagar.
Los bonos de firma: que el paquete incluya dinero en efectivo dice que LIV todavía necesita cash para asegurar compromisos. La diferencia es que ahora puede ofrecer menos efectivo y completar el resto con participación futura.
Cuánto vale el 52.5%
El cálculo que falta: si los US$300 millones fueran capital puro a cambio del 45%, la liga valdría alrededor de US$667 millones y la parte de los jugadores cerca de US$350 millones. Pero el dinero viene del brazo de crédito de BC Partners y el acuerdo habla de financiamiento. Si una parte es deuda, se cobra antes que el capital, y el 52.5% de los jugadores vale menos de lo que sugiere el porcentaje.
El negocio que tendría que sostenerlo: LIV 2.0 arranca en 2027 con 10 torneos, cinco en Estados Unidos y cinco internacionales por equipos, y bolsas cercanas a US$10 millones por evento, un tercio de lo que pagaba. El valor de esa participación depende de que una liga más chica, sin el respaldo ilimitado del PIF, se convierta en un negocio con ingresos propios.
No todos quieren ser dueños
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La salida: Sergio García pidió al tribunal que termine formalmente su contrato, con el argumento de que la incertidumbre le está costando patrocinadores y torneos. Antes, Brooks Koepka y Patrick Reed ya habían buscado el camino de regreso al PGA Tour. Bryson DeChambeau, en cambio, respalda el nuevo modelo.
Torque GC: el único equipo latinoamericano de la liga, con los mexicanos Abraham Ancer y Carlos Ortiz, tiene el mismo plazo que el resto. Para ellos la pregunta es concreta: cambiar parte de un contrato garantizado por capital en una liga que vuelve a Chapultepec en 2027, pero con bolsas a un tercio.


