Durante más de un siglo, el Tour de France fue una carrera donde las mujeres apenas tenían espacio. La prueba más prestigiosa del ciclismo mundial construyó su identidad alrededor de una narrativa masculina, mientras el deporte femenil luchaba por encontrar un lugar dentro del calendario profesional.
Este agosto, esa historia suma un nuevo capítulo.
Romina Hinojosa se convertirá en la primera mexicana en competir en el Tour de France Femmes. A sus 23 años, la ciclista tampiqueña representará al equipo belga Intermarché-Lotto Ladies en las nueve etapas entre Lausana y Niza, en el recorrido más exigente desde el regreso de la carrera en 2022.

Foto: Playbook
Su participación es un momento importante para el deporte mexicano y llega, además, en una etapa especial para el Tour de France Femmes. La carrera empieza a dejar atrás sus años de reconstrucción y poco a poco gana más espacio dentro de la industria deportiva.
Romina llega justo cuando el Tour empieza a crecer en relevancia, inversión y alcance.
De una ausencia histórica a un producto global
Durante décadas, la ausencia de un Tour femenil fue vista como una consecuencia natural de la historia del ciclismo. En realidad, fue el resultado de un deporte diseñado para hombres.
En 1909 surgió la primera petición formal para abrir el Tour de France a las mujeres y fue rechazada.
Años después, la italiana Alfonsina Strada desafió esa lógica al competir en el Giro d'Italia de 1924 junto a hombres. Con el tiempo se convirtió en una de las figuras más importantes dentro de la lucha por abrir espacio a las mujeres en el ciclismo profesional.
El Tour de France Femmes finalmente nació en 1984, el mismo año en que el ciclismo femenil debutó como disciplina olímpica en los Juegos de Los Ángeles. Sin embargo, desapareció cinco años después por la falta de patrocinadores, cobertura mediática e interés comercial, lo que impidió que el proyecto tuviera continuidad.

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Su regreso en 2022 mostró que las condiciones ya eran diferentes.
Las audiencias comenzaron a responder, las marcas descubrieron un nuevo activo comercial y los organizadores entendieron que el Tour femenil ya no debía verse como una extensión del Tour masculino, era clave verlo como un producto con identidad y valor propios.
Krys, LCL, Continental, Skoda son algunas de las marcas que ya forman parte de la competencia. Su presencia ayuda a entender por qué hoy existe una base más sólida para sostener y hacer crecer el proyecto.
El Tour ya no busca justificar su existencia
En apenas cuatro temporadas, el Tour de France Femmes ha cambiado bastante.
La carrera pasó de ocho a nueve etapas, aumentó la dificultad del recorrido y consiguió mayor presencia internacional. Al mismo tiempo, los equipos han invertido más en preparación física, tecnología, análisis de rendimiento y desarrollo de talento.
Hoy, el Tour ya no necesita demostrar que merece existir.

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Nueve etapas, €250,000 y una deuda pendiente
Cuando el Tour de France Femmes regresó en 2022, repartió una bolsa total de €250,000 entre todas las competidoras. Ese mismo año, el ganador del Tour masculino recibió €500,000 únicamente por conquistar la clasificación general.
Cuatro años después, la cifra permanece prácticamente igual.
La ganadora continúa recibiendo €50,000, mientras el prize money total sigue siendo de €250,000.

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El Tour masculino ha construido durante décadas una maquinaria global basada en derechos audiovisuales, patrocinadores, hospitalidad, turismo y audiencias masivas. El Tour femenil apenas está comenzando ese proceso.
Hoy ya no hay que preguntarnos si el ciclismo femenil merece mayor inversión, ahora hay que cuestionarnos la rapidez con la que podrá convertir el crecimiento de su audiencia en ingresos capaces de fortalecer a equipos, atletas y organizadores.
La presencia de Romina Hinojosa también habla del lugar que Latinoamérica empieza a ocupar dentro del ciclismo profesional.
Durante años, las rutas hacia el WorldTour estuvieron concentradas en Europa. La falta de competencias de alto nivel, inversión y estructuras de desarrollo limitó las oportunidades para muchos ciclistas latinoamericanos.
Por eso su clasificación trasciende el resultado deportivo. Hoy nuevas generaciones de ciclistas pueden considerar un desarrollo profesional en un deporte que históricamente no era suyo.
La Opinión de Infinitas
La presencia de Romina Hinojosa confirma que el crecimiento del ciclismo femenil empieza a abrir oportunidades para atletas y mercados que durante décadas permanecieron fuera de la conversación.
El Tour de France Femmes ya no necesita justificar su existencia, el objetivo ahora es demostrar que puede convertirse en un negocio cada vez más sólido.
Para México, el verdadero éxito no debería ser celebrar a la primera mexicana en el Tour, sino construir un ecosistema que haga de estas historias algo recurrente, tanto en el ciclismo varonil como el femenil.


