Javier Aguirre acaba de llegar al Valencia con un objetivo que a ningún aficionado le gustaría escuchar. Porque su mayor éxito esta temporada no sería ganar LaLiga, clasificar a Champions o siquiera llegar a Europa. Sería prolongar un problemón que el club lleva años arrastrando.
El Valencia lleva 39 temporadas completas consecutivas en Primera División y disputa actualmente la número 40, su mayor racha en la máxima categoría desde que regresó en 1987. Durante todo ese tiempo construyó un modelo financiero que depende de una garantía bastante importante: permanecer en Primera.
Solo hay que ver los derechos de televisión. En la temporada 2024/25, el Valencia recibió €52.53 millones por derechos audiovisuales, justo dentro del rango de €50-60 millones que representa para el club jugar en Primera.
En Segunda División, un equipo establecido recibe mucho menos: en 2024/25, la mayoría estuvo entre €5 millones y €8 millones, aunque los recién descendidos reciben durante un tiempo un fondo de compensación que amortigua el golpe. Una vez que desaparece ese colchón, la diferencia puede acercarse a los €40 millones anuales solamente por televisión, y todo esto solo por bajar de categoría y en un único rubro.
Un modelo que necesita Primera
La deuda acumulada: Con esa garantía de ingresos, el Valencia fue acumulando deuda, compromisos deportivos y el costo de un nuevo estadio que pasó más de una década sin terminar. La deuda del club llegó a superar los €500 millones en años anteriores; las últimas cuentas disponibles sitúan sus pasivos en €382.3 millones. La cifra cambió, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo: el Valencia necesita mantener un nivel importante de ingresos para sostener sus compromisos financieros.
El círculo que no puede romperse: Piensa en una empresa que para pagar sus deudas necesita mantener cierto nivel de ventas, pero para mantener esas ventas tiene que seguir invirtiendo, y para seguir invirtiendo necesita dinero que no necesariamente tiene. El día que los ingresos caen, todo el modelo empieza a sufrir, y eso es exactamente lo que hace tan peligroso un descenso para el Valencia.
La era Peter Lim
La compra: Peter Lim llegó al Valencia en 2014, cuando su empresa Meriton Holding pagó €94 millones por el 70.06% de las acciones a la Fundación Valencia CF. La operación suele citarse alrededor de los €400 millones cuando se incluyen, además de la compra accionaria, la deuda y los compromisos financieros que rodean al club.
Una década de inestabilidad: Desde entonces, la inestabilidad deportiva ha sido constante: Lim ha pasado por más de una decena de entrenadores en poco más de una década, y el club nunca ha conseguido construir una dirección deportiva estable durante demasiado tiempo. Y justo ahí entra Javier Aguirre.
Un contrato que ya dice la prioridad: El Vasco no llega con un contrato de cuatro o cinco años para construir un proyecto desde cero: Valencia lo firmó hasta el 30 de junio de 2027, con una opción para extenderlo una temporada más ligada a que el equipo clasifique a la Europa League. El club no ha comunicado públicamente que esa extensión dependa específicamente de la salvación, pero la duración del acuerdo deja bastante clara la prioridad inmediata: primero hay que salir del problema actual.
El especialista en rescates
Una carrera de emergencias: Aguirre ha construido buena parte de su carrera trabajando precisamente en este tipo de escenarios: ha dirigido a Osasuna, Zaragoza, Espanyol, Leganés y Mallorca en España, muchas veces tomando equipos que no podían darse el lujo de pensar primero en el largo plazo.
Los resultados, mixtos pero consistentes: Con Osasuna y Mallorca consiguió permanencias importantes. Con Leganés estuvo muy cerca: tomó al equipo último con cinco puntos después de 12 jornadas y terminó descendiendo en la última fecha, a solo un punto de salvarse. Así que su carrera entera está llena de misiones de emergencia: algunas terminaron con salvación y otras no, pero el perfil es bastante claro. Aguirre sabe trabajar con clubes cuyo primer objetivo es sobrevivir, y eso es exactamente lo que necesita el Valencia.
- 2002Salva a Osasuna del descenso en su primera temporada
- nov 2019Llega a Leganés, último con 12 jornadas jugadas
- 2020Desciende con Leganés en la última fecha, a un punto
- 2021Llega a Mallorca en zona de descenso
- 2022Salva a Mallorca del descenso
- sep 2026Llega al Valencia también en zona de descenso
Comprar tiempo
El rumor de fondo: Desde hace años existen reportes alrededor de una posible venta del Valencia. En 2025 incluso se publicó que la hoja de ruta de Peter Lim pasaba por asegurar la permanencia, cerrar la financiación del estadio y posteriormente explorar una venta del club, aunque Lim no ha anunciado formalmente que exista hoy un proceso de venta.
La lógica financiera: Pero la lógica es bastante sencilla: si algún día quiere vender, le conviene muchísimo más hacerlo con el Valencia en Primera División que con un equipo recién descendido. Un Valencia en Primera mantiene esos más de €50 millones de televisión y, sobre todo, evita el golpe financiero y deportivo que supondría bajar a Segunda.
Ahí es donde cambia la manera de entender el trabajo de Aguirre: el Vasco no viene a resolver el problema estructural del Valencia, viene a comprar tiempo.
Si salva al equipo, el club tiene otros 12 meses en Primera: otros 12 meses con los ingresos de la máxima categoría, otros 12 meses para intentar ordenar sus problemas financieros y, si una venta sigue estando dentro de los planes de Lim, buscar un comprador con el activo todavía en Primera. Si desciende, todo eso se vuelve mucho más complicado.
El número que importa
El objetivo real: Y eso define el éxito del Vasco de una manera que ningún aficionado del Valencia quiere escuchar: no necesita ganar LaLiga, no necesita clasificar a Champions, ni siquiera necesita llegar a Europa League. Puede terminar decimoséptimo, el último lugar antes del descenso, y aun así haber hecho exactamente su trabajo.
Porque ese puesto mantiene al Valencia en Primera, protege decenas de millones de euros de ingresos y le compra al club otros 12 meses para intentar solucionar todo lo demás. Ese puede ser el verdadero trabajo de Javier Aguirre. Evitar que se vuelva mucho peor.


