A Travis Kelce se la acaban de aplicar.

Hace unos días, un juez federal en Missouri sentenció a Siddharth Jawahar, fundador de Swiftarc Capital, a 11 años de prisión por operar un esquema Ponzi que afectó a 64 víctimas, entre ellas el tight end de los Kansas City Chiefs. Jawahar también deberá pagar US$31.35 millones en restitución, según el comunicado del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Kelce no es precisamente un inversionista anónimo. Ha ganado tres Super Bowls, es uno de los atletas más reconocibles del mundo y desde julio está casado con Taylor Swift. Lo que no sabemos es cuánto dinero puso en Swiftarc ni cuánto perdió: los fiscales lo mencionaron como una de las víctimas durante la sentencia, pero no dieron esos detalles.

La pregunta interesante no es solamente cómo cayó Kelce. Es por qué un atleta puede convertirse en un cliente tan atractivo para alguien como Jawahar.

99% en una sola acción

El dinero que nunca se invirtió: Swiftarc tomó más de US$35 millones de inversionistas entre julio de 2016 y diciembre de 2023. De esa cantidad, Jawahar invirtió solamente alrededor de US$10 millones, según las autoridades federales. El resto, unos US$25 millones, nunca se convirtió en inversión real: sirvió para pagar retiros de otros clientes y financiar un estilo de vida de lujo.

La ecuación
US$35MUS$10MUS$25M

La concentración fatal: El portafolio terminó siendo cualquier cosa menos diversificado. En 2015, Swiftarc comenzó a aumentar su posición en Philip Morris Pakistan. Para 2019, prácticamente todo el fondo estaba concentrado en esa sola acción, según el regulador de valores de Texas. Cuando el precio comenzó a caer, Jawahar no trasladó la pérdida real a sus inversionistas: ordenó reportar una valuación muy superior a la que aparecía en las cuentas de corretaje.

99%
del fondo de Swiftarc concentrado en una sola acción para 2019, mientras Jawahar inflaba la valuación que veían sus inversionistas

El mecanismo Ponzi: Cuando llegaron solicitudes de retiro que el fondo ya no podía cubrir, apareció el mecanismo clásico: dinero nuevo entraba para pagar a inversionistas anteriores. En un caso documentado por el regulador, los US$250,000 aportados por un nuevo inversionista se usaron íntegramente para cubrir parcialmente los retiros de otros dos clientes. Jawahar también usó dinero de inversionistas para pagar jets privados, hoteles de lujo, departamentos, clubes privados y restaurantes.

Hasta ahí, la historia es la de un fraude financiero. Lo interesante para nosotros está en quiénes consiguió atraer.

¿Por qué los atletas?

Ingresos concentrados en poco tiempo: La cifra más citada para una carrera promedio en la NFL es de alrededor de 3.3 años, aunque cambia considerablemente según la posición y cómo se mida, de acuerdo con Statista. Muchos atletas generan una proporción enorme de los ingresos de toda su vida profesional en una ventana extraordinariamente corta, y tienen que convertir ese ingreso excepcional pero temporal en patrimonio que dure décadas mientras siguen entrenando, viajando y negociando contratos.

La confianza como atajo: Las decisiones financieras de los atletas muchas veces llegan a través de personas de su círculo: agentes, compañeros, amigos, familiares o alguien recomendado por alguno de ellos. Casos previos investigados por la SEC muestran precisamente cómo asesores han usado relaciones de confianza para apropiarse o manejar indebidamente dinero de deportistas profesionales. Eso reduce una de las barreras más importantes para cualquier vendedor de inversiones: conseguir que alguien confíe en ti.

El acceso que vale más que un cliente: No sabemos quién recomendó Swiftarc a quién, ni podemos afirmar que otros entraron porque Kelce ya estaba ahí. Pero ya en 2021, un artículo de Forbes había identificado como inversionistas de un fondo de Swiftarc a Kelce y a tres jugadores de NBA: Gary Harris, Tim Hardaway Jr. y Mason Plumlee. No está claro que esos otros atletas hayan sido víctimas del esquema por el que Jawahar fue condenado, pero su presencia muestra que Swiftarc ya había penetrado una red de deportistas de alto perfil.

Para alguien que busca levantar dinero, eso vale muchísimo. Una vez que consigues credibilidad dentro de un círculo de confianza, ya no vendes únicamente una inversión. Vendes la idea de que otros como tú ya confiaron en ella.

Cronología
  1. 2015Swiftarc arma su posición en Philip Morris Pakistan
  2. 2019La posición llega casi al 100% del fondo
  3. 2021Forbes identifica a Kelce y 3 jugadores de NBA como inversionistas
  4. jun 2022Texas revoca el registro de Swiftarc como asesor
  5. dic 2023Cierra la ventana de captación: ya son más de US$35M desde 2016
  6. sep 2026Jawahar es sentenciado a 11 años y a pagar US$31.35M

El hueco entre el agente y el asesor

La división del trabajo: El agente deportivo no necesariamente es quien administra el patrimonio del atleta. En la NFL, el contract advisor tiene como función central negociar el contrato del jugador, y su comisión está limitada a un máximo de 3% de la compensación negociada, según las reglas de la NFLPA. La asesoría patrimonial vive en otro carril.

La responsabilidad fragmentada: Eso no significa que la industria financiera para atletas esté desregulada. La NFLPA tiene un programa específico de asesores financieros registrados que exige credenciales CFP o CFA, al menos ocho años de experiencia licenciada, seguros profesionales y una revisión de antecedentes. El problema es más interesante que simplemente decir que no hay regulación: la responsabilidad está fragmentada entre el agente, el asesor financiero, los abogados, los contadores y la familia, y el atleta sigue siendo quien decide a quién confiarle cada parte de su patrimonio. Ese sistema puede funcionar, pero también crea espacios donde la confianza sustituye al due diligence.

El filtro que llegó tarde: Ni siquiera los filtros eliminan por completo el riesgo. Swiftarc sí estuvo bajo supervisión regulatoria: en junio de 2022, el Texas State Securities Board le revocó el registro como asesor de inversión y le ordenó a Jawahar dejar de cometer fraude, tras determinar que llevaba inflando la posición en Philip Morris Pakistan desde al menos 2019. La acusación federal llegó después. El sistema finalmente reaccionó, pero para entonces el esquema llevaba años funcionando.

El atleta como atajo de confianza

Kelce es la historia que conocemos porque es Travis Kelce. Pero hubo 64 víctimas.

Y el caso de Swiftarc no demuestra que los atletas sean malos administrando su dinero ni que cualquier referencia entre deportistas termine mal. Demuestra algo mucho más útil para entender este negocio.

Un atleta puede combinar tres cosas que resultan extraordinariamente atractivas para un defraudador: mucho capital generado en poco tiempo, dependencia de una red de confianza y un nombre capaz de abrir la puerta hacia otras personas con características parecidas. Por eso conseguir a un atleta puede valer más que conseguir a un solo cliente.

Puede convertirse, sin que el propio atleta lo sepa, en una señal de legitimidad para el siguiente. Jawahar no necesitaba convencer a 64 personas completamente desde cero. Necesitaba construir confianza dentro de redes donde esa confianza pudiera viajar.

Y ahí está quizá la parte más peligrosa de todo esto: el activo más valioso que puede perder un atleta en un fraude financiero no siempre es solamente su dinero. También puede ser su nombre.